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RobotEn 1639, se observó un OVNI sobre Boston, Massachusetts

En 1639, se observó un OVNI sobre Boston, Massachusetts
Gemini, CC0


El 1 de marzo de 1639, tres hombres a la deriva en un río cerca de Boston se enfrentan a una luz que cambia de forma, surca el cielo como una flecha y luego desaparece, dejándolos inexplicablemente devueltos una milla río arriba, contra la corriente, sin recuerdo alguno de haber remado.

Boston, Massachusetts — Casi cuatro siglos antes de que las siglas OVNI y UAP entraran en el lenguaje cotidiano, un texto de sobriedad puritana ya recogía un encuentro que la posteridad llegaría a considerar, no sin ironía, el primer objeto volador no identificado registrado en suelo norteamericano. Su autor no era un marinero borracho ni un panfletista en busca de sensacionalismo: era el propio John Winthrop, primer gobernador de la colonia de la bahía de Massachusetts, fundador de Boston y autor del célebre sermón de la "ciudad sobre la colina". Su diario, piedra angular de la historiografía colonial estadounidense, dedica una entrada a un episodio que contrasta abiertamente con sus anotaciones habituales sobre cosechas, conflictos con tribus algonquinas o las disputas teológicas que entonces agitaban a la joven colonia.

Una noche cualquiera en el Muddy River

El asunto comienza de manera modesta. James Everell, descrito por Winthrop como "un hombre sobrio y discreto", embarca junto a dos compañeros en una "lighter" —una barcaza de fondo plano usada para el transporte de mercancías— para descender por el Muddy River, un afluente del río Charles que en 1639 serpenteaba entre los pantanos de lo que hoy es Back Bay, antes de que ese barrio fuera rellenado en el siglo XIX. La zona, hoy absorbida por el tejido urbano de Boston y Brookline, cerca del actual estadio de Fenway Park, no era entonces más que una extensión de marismas y aguas salobres bordeada de pastos donde se llevaba a pastar el ganado durante el verano.

Es en ese escenario donde, según el relato registrado por Winthrop, surge una luz de una intensidad inusual.

El relato del gobernador

La entrada del diario, fechada el 1 de marzo de 1639, merece ser examinada en su totalidad, pues su precisión contrasta vivamente con el tono habitualmente lacónico de Winthrop. Cuando la luz permanecía quieta, se inflamaba y medía, según los testigos, unas tres yardas de lado —algo más de dos metros y medio—. Cuando se desplazaba, se contraía y adoptaba la silueta de un cerdo, lanzándose entonces con la velocidad de una flecha hacia Charlestown, en la orilla opuesta, repitiendo este comportamiento durante dos o tres horas.

Pero es el resto del relato lo que más ha alimentado la leyenda. Los tres hombres, que habían derivado casi una milla río abajo siguiendo la corriente mientras observaban el fenómeno, comprobaron que, una vez desaparecida la luz, su embarcación había vuelto a su punto de partida —remontando la marea— sin que ninguno de ellos recordara haber remado. Winthrop añade, por último, que "varias otras personas dignas de crédito" habrían visto después la misma luz, en el mismo lugar.

Un hombre cuya palabra tenía peso

La identidad del testigo principal no es un detalle menor en una sociedad puritana donde la credibilidad de cualquier relato dependía por completo de la reputación de quien lo contaba. Winthrop se cuida de señalar que Everell gozaba de "buena reputación, actividad y cierto patrimonio" en Boston —una forma, en el lenguaje de la época, de certificar que no se trataba ni de un borracho ni de un fabulador. Para un gobernador preocupado por el orden moral de su colonia, registrar semejante episodio sin desmentirlo equivalía a otorgarle un crédito considerable.

Nick Pope, antiguo investigador del Ministerio de Defensa británico sobre fenómenos aéreos no identificados, ha señalado recientemente que el rigor del testimonio encaja con un patrón observado en numerosos informes contemporáneos: los testigos más citados hoy en día —pilotos, agentes de policía, personal militar, operadores de radar— son, también ellos, elegidos por su presunta seriedad y sobriedad.

La hipótesis del fuego fatuo, y sus límites

La explicación más comúnmente aducida por los comentaristas posteriores apunta al ignis fatuus, ese "fuego fatuo" resultante de la combustión espontánea de gases liberados por la descomposición de materia orgánica en terrenos pantanosos —y el Muddy River, cuyo propio nombre evoca el barro, ofrecía un terreno fértil para tal efecto. James Savage, quien reeditó el diario de Winthrop en 1825, ya proponía esta explicación en una nota al pie, sugiriendo que el temor reinante y la imaginación de la época, propensa a ver la mano del diablo en cualquier suceso inexplicado, habían probablemente amplificado un acontecimiento en el fondo natural.

La hipótesis, sin embargo, tropieza con varios detalles del relato. Un fuego fatuo es un fenómeno que se eleva desde el suelo y suele mantenerse cerca de la superficie del pantano; no recorre, en cuestión de segundos, los más de tres kilómetros que separan el Muddy River de Charlestown, ni cruza el cielo nocturno "como una flecha". La hipótesis del meteoro, por su parte, choca con la duración de la observación —dos o tres horas—, muy superior a los pocos segundos en que una bola de fuego permanece visible. En cuanto a la aurora boreal, su presencia a la latitud de Boston resulta posible pero poco frecuente, y no explica ni el movimiento errático ni la forma atribuida a la luz.

El detalle del cerdo, o la memoria de lo cotidiano

Queda la cuestión, más inquietante de lo que parece, de la forma animal descrita por los testigos. Algunos investigadores ven en ello una pista puramente psicológica: el Muddy River y sus alrededores servían entonces de pasto estival para los cerdos destinados al sacrificio, y la propia aldea tomaría más tarde el nombre de Brookline. No resulta descabellado que los tres hombres, habiendo visto u oído cerdos antes ese mismo día, proyectaran inconscientemente esa imagen familiar sobre una masa luminosa de forma indefinida —una hipótesis que no resta sinceridad al testimonio, pero que plantea la pregunta de cómo la mente humana moldea lo inexplicable a partir de lo conocido.

Una colonia bajo tensión teológica

El episodio se produce en un contexto que conviene tener presente para comprender el estado de ánimo de la colonia en 1639. Apenas unos meses antes, en 1638, Winthrop había presidido el destierro de Anne Hutchinson, figura central de la Controversia Antinomiana que había dividido profundamente a la comunidad puritana en torno a cuestiones de gracia divina y autoridad religiosa. En una sociedad que acababa de atravesar esa importante crisis teológica, y que interpretaba el menor suceso natural como una posible señal de la voluntad divina —o de la intervención diabólica—, la aparición de una luz escurridiza sobre las aguas no podía sino alimentar las más diversas especulaciones.

El propio Winthrop no ofrece, en su diario, interpretación alguna del episodio, a diferencia de otras entradas en las que no duda en invocar la actuación del "maligno". Este silencio interpretativo, en un hombre por lo demás presto a comentar las señales de la Providencia, ha sido a menudo señalado por los investigadores que han estudiado el texto.

"Cuando se detenía, se inflamaba y medía unas tres yardas de lado; cuando corría, se contraía adoptando la figura de un cerdo: corría veloz como una flecha hacia Charlton, subiendo y bajando así durante dos o tres horas."

— John Winthrop, diario personal, 1 de marzo de 1639

Documento de archivo

Fragmento traducido del diario de John Winthrop, "The History of New England from 1630 to 1649", entrada del 1 de marzo de 1639:

"Este año, un tal James Everell, hombre sobrio y discreto, junto con otras dos personas, vieron una gran luz por la noche en el Muddy River. Cuando se detenía, se inflamaba y medía unas tres yardas de lado; cuando corría, se contraía adoptando la figura de un cerdo: corría veloz como una flecha hacia Charlestown, subiendo y bajando así durante dos o tres horas. Habían derivado en su barcaza cerca de una milla, y cuando todo terminó, se encontraron devueltos contra la marea hasta el lugar de donde habían partido. Varias otras personas dignas de crédito vieron después la misma luz, en el mismo lugar."

Un precedente que no quedó aislado

El diario de Winthrop no se detiene ahí. Cinco años después, el 18 de enero de 1644, el gobernador registró un nuevo episodio inquietante: tres hombres que regresaban a Boston en barca habrían visto dos luces elevarse del agua cerca de la punta norte de la ciudad, adoptar una forma humana, acercarse a la población y desaparecer luego junto a la punta sur. Una semana más tarde, otro relato describe una voz misteriosa que se alzaba desde las aguas del puerto, que Winthrop relacionó con la explosión de un barco y con el recuerdo de un marinero desaparecido, sospechoso en vida de practicar la nigromancia. Estas apariciones repetidas, todas registradas por la misma mano meticulosa, sugieren que el episodio de 1639 no fue una anécdota aislada para el gobernador, sino parte de una serie de observaciones que consideró lo bastante serias como para conservarlas por escrito.

La memoria del lugar, hoy

El episodio no ha caído en el olvido. En 2019, los artistas Ann Hirsch y Jeremy Angier instalaron a orillas del Muddy River, en el parque paisajístico diseñado por Frederick Law Olmsted en Brookline, una obra titulada "Winthrop's UFO" —una estructura luminosa que evoca la silueta porcina descrita casi cuatro siglos antes. El lugar, hoy encajado entre instalaciones deportivas y los jardines del Emerald Necklace, conserva así una huella tangible de un misterio nacido en la oscuridad de los pantanos coloniales.

Lo que queda del enigma

Casi cuatro siglos después de los hechos, el episodio del Muddy River permanece en esa zona gris donde el historiador choca con los límites de su disciplina. El texto fuente no presenta ninguna ambigüedad de transmisión: procede de un documento de primera mano, escrito por una de las figuras más influyentes y mejor documentadas de la América colonial, y corroborado, según sus propias palabras, por varios testigos independientes. Ninguna de las explicaciones naturales propuestas —fuego fatuo, meteoro, aurora boreal— da cuenta de la totalidad de los elementos relatados: la duración de la observación, la trayectoria errática y, sobre todo, esa hora perdida que los tres hombres jamás pudieron explicarse. Queda, como sucede tan a menudo con estos archivos antiguos, la imposibilidad de decidir entre un error de percepción, un relato amplificado por sucesivas narraciones, y la posibilidad, tenue pero nunca del todo descartable, de que algo genuinamente inexplicado ocurriera aquella noche sobre los pantanos de Boston.


O.V.N.I. - 21 juin 2026 - Wakonda - CC BY 2.5 - Voir l'historique

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